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De seniors americanos que repiten cada año a nómadas digitales y productoras: los nuevos huéspedes que eligen Valencia para vivirla como en casa

Monlar, que gestiona más de 200 apartamentos en la ciudad del Turia, constata la diversificación del alojamiento temporal

Cada año ocurre lo mismo. Un grupo de estadounidenses senior vuelve a hacer las maletas con un destino muy claro: Valencia. No vienen a descubrir la ciudad (eso ya lo hicieron hace tiempo), sino a reencontrarse con ella. Pasean por los mismos barrios, desayunan en las mismas cafeterías y, como quien regresa a una segunda residencia, vuelven a alojarse en el mismo edificio de apartamentos.

Su caso puede parecer anecdótico, pero ilustra una realidad cada vez más visible: Valencia ya no atrae únicamente a turistas de fin de semana. Cada vez son más quienes llegan para quedarse unas semanas o varios meses y buscan una forma distinta de habitar la ciudad, más cercana a la vida cotidiana que a la experiencia hotelera tradicional.

Es una tendencia que constatan desde Monlar, la marca de alojamiento temporal y apartahoteles impulsada por el grupo inmobiliario Firmus. La compañía gestiona más de 200 alojamientos en Valencia y ha visto cómo, en los últimos años, el perfil de sus huéspedes se ha diversificado hasta reunir viajeros con motivaciones muy diferentes, aunque con un objetivo común: sentirse como en casa.

María José Sancasto, directora comercial de Monlar, explica que la fidelidad de algunos huéspedes refleja un cambio en la forma de viajar. «Hace unos años era poco habitual que un cliente internacional repitiera alojamiento de forma sistemática. Hoy tenemos casos como el de este grupo de estadounidenses que regresa cada año y que ya conoce Valencia como un vecino más. Buscan comodidad, independencia y la posibilidad de integrarse en el día a día de la ciudad. Esa evolución nos demuestra que cada vez hay más personas que no quieren solo visitar un destino, sino vivirlo durante un tiempo.»

A este perfil se ha sumado otro que apenas existía hace unos años: el de los nómadas digitales. Profesionales que trabajan en remoto y eligen Valencia por factores como el clima, la calidad de vida, las conexiones internacionales o el coste de vida frente a otras capitales europeas. Para ellos, el alojamiento ya no es solo un lugar donde dormir, sino también un espacio desde el que trabajar, vivir y relacionarse durante meses.

Durante el verano, el protagonismo pasa a las familias, muchas de ellas nacionales e internacionales, que buscan apartamentos amplios para pasar las vacaciones sin renunciar a las comodidades de un hogar. Cocinas equipadas, varias habitaciones o espacios comunes son prestaciones que ganan peso frente a la oferta hotelera cuando se viaja con niños o en grupos.

El auge audiovisual que vive la Comunitat Valenciana también se refleja en este mercado. Productoras de series y otros proyectos audiovisuales recurren cada vez con más frecuencia a este tipo de alojamientos para instalar durante semanas a equipos técnicos, personal de producción o parte del reparto, una demanda que requiere flexibilidad y viviendas listas para entrar a vivir.

A ellos se suman grandes multinacionales que desplazan temporalmente a sus profesionales a Valencia. Compañías como Inditex, HP o Airbus utilizan este tipo de alojamiento para estancias ligadas a proyectos concretos, formaciones o aperturas, encontrando una alternativa que combina la comodidad de una vivienda con los servicios propios de un alojamiento profesional.

Por su parte, Begoña Valero, directora de negocio de Monlar, destaca la creciente diversidad de perfiles que demandan este tipo de alojamiento. «En los últimos años hemos visto cómo el alojamiento temporal ha dejado de estar ligado exclusivamente al turismo. Hoy convivimos con nómadas digitales, profesionales desplazados por empresas, equipos de productoras audiovisuales, estudiantes internacionales o familias que pasan largas temporadas en Valencia. Todos tienen necesidades diferentes, pero comparten la búsqueda de un espacio que les permita sentirse como en casa desde el primer día.»

La diversidad de perfiles de los huéspedes también aporta beneficios a la ciudad. Dado que sus estancias suelen prolongarse durante semanas o meses, adoptan hábitos propios de la vida cotidiana de los residentes. Esto se traduce en un mayor uso del comercio local, mercados, gimnasios, cafeterías y restaurantes, así como en la participación en actividades culturales y deportivas. Como resultado, su presencia contribuye a repartir el impacto económico entre diferentes barrios de Valencia, favoreciendo un desarrollo más equilibrado de la actividad local.

Valencia reúne muchas de las condiciones que explican este fenómeno. Su tamaño, la oferta cultural y gastronómica, el clima, la conectividad y una calidad de vida reconocida internacionalmente la han convertido en una ciudad donde resulta fácil instalarse durante un tiempo. Ya no se trata solo de visitarla, sino de vivirla.

Así ha publicado la noticia Las Provincias

Así ha publicado la noticia Valencia Plaza